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PARQUE JUAN CARLOS I
El parque Juan Carlos I está situado dentro del complejo urbanístico Campo de las Naciones. Asentado sobre un vertedero de escombros y un deteriorado olivar, de unas 21 hectáreas de extensión, limita al norte con la autopista del nuevo acceso al aeropuerto , al sur con la carretera de la circunvalación M-40, al este con la avenida de Logroño y al oeste, con los nuevos recintos feriales.
La degradación era absoluta en los terrenos donde hoy se asienta el parque y esta situación se mantuvo hasta el inicio de la obras, en los últimos meses de 1989. la superficie total del recinto es de 220 hectáreas, de las que ocupa 160 hectáreas el Juan Carlos I y las 60 restantes un campo de golf de titularidad municipal.
En el proyecto se plasmó por un lado la simbiosis entre parque y olivar, y por otro lado la superposición de las diferentes tramas, vías peatonales, acuáticas, rodadas o vegetales. Así se consiguió una mayor participación del visitante.
El parque del Campo de las Naciones está estructurado en torno a la idea básica de un anillo distribuidor, tanto funcional como simbólicamente. Este círculo toma forma física de paseos concéntricos y su principal exponente es un bulevar de 40 metros de anchura. A su alrededor aparecen el resto de los caminos.
Una característica singular del gran anillo, de un kilómetro de diámetro, es que no es uniforme. Su vegetación y pavimento cambian de color, para simbolizar las cuatro estaciones del año.
Así, en el sector norte, donde el pavimento es azul y al vegetación está compuesta por coníferas, abedules y acebos, el anillo toma el nombre de Paseo de Invierno. Al este y con el suelo verde queda el Paseo de Primavera. Está adornado con árboles que florecen en esta estación como cerezos, árboles del amor y castaños de indias.
Pinos piñoneros, tilos, sóforas y árboles de Júpiter sombrean el Paseo de Verano, donde domina el color dorado y blanco. Este tramo atraviesa especialmente zonas de agua como el Lago, la Ría y el Estanque Sur. Por último, el Paseo de Otoño, con pavimentos en tonos rojos, siena y blanco, discurre entre árboles que pierden su hoja en esta estación, como el liqudambar, el quercus, los ginkos y los chopos bolleana.
EL AGUA
El agua es un elemento fundamental en el parque. Sus extensas laminas unifican el conjunto del recinto y dotan a los jardines de un gran frescor. En el diseño se han explorado, tanto sus posibilidades estéticas como las relacionadas con el sonido.
El circuito acuático principal está formado por un canal de 10 metros de anchura y 500 metros de longitud. Bajo el Puente del Pórtico se encuentra su punto central más elevado y desde allí cae en pequeñas cascadas hacia el Estanque Sur por un lado y hacia el Estanque Norte por el otro.
Frente al dinamismo de los canales hay otra superficie más apacible: el Lago. Tiene tres hectáreas de superficie y está unido a la ría mediante una tubería enterrada que desagua en su lado norte. Desde éste y mediante un equipo de presión de 6x60cv se bombea el agua ala red de riego. Con este procedimiento es posible renovar el agua de las láminas al ir extrayéndola, al mismo tiempo que se rellena mediante cuatro pozos, que proporcionan un caudal de 100 1/seg. El agua es vertida en uno de los canales secundarios del Estanque Norte.
Además de estas láminas de agua el parque posee numerosos juegos acuáticos. Entre ellos destacan la bóveda de agua formada por 30 surtidores parabólicos que cruza la ría en su punto de unión con el Estanque Norte; un gran geyser de 30 surtidores parabólicos de 25 metros de altura frente a la Plaza Central; 15 surtidores en la Plaza de Acceso que forman nubes cromáticas y 25 surtidores que emergen del pavimento formando una malla cúbica de 9 metros de lado en la plaza del Estanque Sur.
JARDÍN DE LAS TRES CULTURAS
El jardín de las Tres Culturas es una de las “ joyas” del parque. Situado en el cuadrante Noroeste del espacio encerrado por el Anillo surge como un lugar de convivencia entre las culturas cristiana, judía y árabe.
El conjunto creado muestra tres jardines individuales y representativos de las tres culturas, que confluyen en un punto central común representativo de la idea de paraíso.
Su recorrido principal comienza en una pequeña plaza circular de acceso que arranca en el olivar. De ella parte una pasarela-puente que conduce al centro del edén situado en una plataforma circular elevada. La vegetación de este lugar es variada, exuberante y con muchas palmeras para reforzar el concepto de oasis común a las tres culturas. A los distintos jardines se descienden por caminos ondulantes.
El Jardín Cristiano o Claustro de las Cantigas, tiene la planta en forma de cruz, y recuerda a un claustro medieval. Plantas aromáticas y medicinales, lavandas, romeros y laureles forman la plantación, que responde a una idea geométrica. Las líneas rectas y separadas entre sí por caminos convergen en el centro del jardín. Allí se levanta un pequeño templete inspirado en las miniaturas que ilustras las cantigas.
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| Jardín Áraba |
Jadín Cristiano |
Jardín Judío |
La entada al jardín consiste en una puerta, de la que cuelga una campana. En uno de los estanques hay un órgano compuesto por siete tubos transparentes, en el que quedan unidos la música y el agua.
El Jardín Árabe o Estanque de las Delicias recuerda en su planta a un tapiz oriental. Muros de ladrillo de distintas alturas conforman varias estancias en una composición, cuyo centro es la estrella de ocho puntas. También hay un pabellón sobre una fuente de mármol blanco de la que rebosa el agua a un estanque. El recinto está flanqueado por cuatro palomares construidos como minaretes. La plantación está repleta de perfume y colorido porque comparten el espacio naranjos, rosas, jazmines, lirios y árboles del amor.
El Jardín Judío o Vergel de Granados toma su nombre del Cantar de los Cantares, del rey Salomón, y está orientado a los cuatro puntos cardinales. Aquí, la trama de la ciudad perfecta está superpuesta sobre el cuadrado original, Esa imagen se representa en una cuadricula de distintas texturas, pavimentos y arenas de colores.
Piedras traídas de Jerusalén delimitan el recinto de esta ciudad-jardín, que cuenta con un escudo de David en el pavimento, con una fuente en forma de caracol por la que mana el agua. Las especies plantadas están inspiradas en los textos bíblicos. Son granados y cipreses, setos de chamaescerassus, almendros, cinamomos, etc., en contraste con la parte exterior de las murallas tratado como desierto con rocas, palmeras y arena.
LAS ESCULTURAS
Las esculturas son uno de los máximos atractivos del parque Juan Carlos I. Las once primeras, todas de gran tamaño, fueron realizadas por los artistas de prestigio internacional participantes en el Simposio Internacional de Esculturas a Aire libre, que bajo el titulo de “Encuentros con Madrid”, se desarrolló en el recinto. Se hizo en 1992, para conmemorar la Capitalidad Europea de la Cultura que entonces ostentaba la ciudad. Luego esta cifra se ha visto ampliada por otras obras hasta llegar a las diecisiete actuales.
Un hecho singular del Simposio fue que los escultores permanecieron en España diseñando las obra, decidiendo su ubicación y diregiendo e inicio de los trabajos. Estas esculturas son las siguientes:
“Pasaje Azul”, de Alexandru C. Arghira (Rumania). De 40 metr4os de longitud y 4,10 de altura, el artista presenta una construcción ondulante que emerge con suavidad sobre la llanura. Un manto vegetal envuelve la composición, donde aparecen distintos caminos para afrontar la vida.
“Manolona. Opus 397”, de Miguel Berrocal (España), De 12 metros de largo por seis de ancho y cinco de alto, esta obra del artista malagueño es algo más que una mujer ondulante. Es el resumen del cuerpo femenino universal lleno de energía y arrogancia.
“Fisicromía para Madrid”, e Carlos Crux Díez (Venezuela). De 40 metros de longitud y 2 de altura sobre pilares de hormigón de 9 metros es una estructura que serpentea y cambia de color. Lo hace al mismo tiempo que se mueve quien la contempla, con un ritmo y distancia calculada, para multiplicar el efecto sorpresa.
“Viga”, de Jorge Du Bon (Méjico). De 14 metros de longitud sobre bases de hormigón de 9 metros, la obra centra las las estructuras de la arquitectura natural con los elementos arquitectónicos del parque. Enclavada en el cerro de acceso confirma el rigor y la sobriedad plástica de este paisaje urbano.
“Homenaje a Agustín Rodriguez Sahagún”, de Toshimitsu Imai (Japón). Son unas rocas de granito cubiertas con pan de oro, De diferentes dimensiones y situadas en el estanque representa la inquietud de la naturaleza, sugerida por la presencia de los elementos naturales.
“My Sky Hole/Madrid”, de Bukichi Inoue (Japón), De 3 metros de diámetro y =, 80 de altura es una enorme esfera de acero inoxidable que emerge del suelo. Cuatro cipreses rodean el conjunto que simboliza la unión del cielo y la tierra.
“Sin título”, de Dani Karavan ( Israel ). De 35 metros de longitud y con unos Pórticos de / metros de altura, esta obra simboliza la unión entre los mundos: el de lo conocido y lo desconocido. El autor ha buscado la combinación de los elementos naturales y los arquitectónicos incluyendo cuatro olivos en su escultura.
“los cantos de la Encrucijada”, de Leopoldo Maler (Argentina). De 6,50 metros de altura, el monumento es un jeroglífico donde aparece el plural mayestático “Nos”, una palabra con la que arrancan todas las constituciones democráticas. Una inmensa silla de acero corten sobre la que reposa una maleta es el símbolo del eterno viajero en busca de su identidad.
“Eolos”, de Paul Van Hoeydonck (Bélgica), De 4 metros de altura máxima son cuatro gigantes que emergen sobre las aguas del lago con las hélices en alto. Muestran a una pareja, a u joven y un niño, símbolos de la continuidad generacional, el ímpetu, la ilusión y la inocencia, Es una analogía de la figura humana y de la vida.
“Viaje Interior”, de Michael Warren ( Irlanda ). De 8 metros de altura en su punto más alto es una obra de madera compuesta por cuatro elementos verticales. Situada en el interior del olivar se oculta en el paisaje para sorprender con su presencia. Representa la unión mágica de ciencia y misterio.
Fuera del Simposio de instalaron otras cuatro esculturas en el parque madrileño. Son las siguientes:
“Sin titulo”, de José Miguel Utande (España). Realizada en acero corten este monumento es un cubo virtual de tres por tres metros. Ha sido instalada sobre la pirámide 2 del parque.
“Espacio Méjico”, de Andrés Casillas y Margarita García Cornejo (Mejico). El presidente de Méjico Carlos Salinas de Gortari inauguró esta obra en el marco de la II Cumbre Iberoamericana celebrada en Madrid, en 1992. Es un gran amillo de color rojo que descansa en una zona elevada del parque madrileño y es un símbolo de las tradiciones del país americano.
“Monumento a la Paz”, de Yolanda D’Agsburg (Brasil). De 14 metros de altura recoge la fuerza y la solidez de los lazos de la paz que España ha sabido capitalizar en Madrid. Hormigón y acero corten, materiales de significativa consistencia, hacen imperecederas estas raíces, que profundizan en las firmes esencias de la tierra y el acervo cultural y social español.
“Dedos” , de Mario Irarrázabal ( Chile). Situada en el paseo central del parque es una obra de gran fuerza. Cinco dedos de una mano salen de la tierra y buscan la libertad.
“Paseo entre dos árboles “ , de Jorge Castillo. De 30 metros de largo, 15 de ancho y 9 en su punto más alto es una macroescultura inspirada en los paseos realizados por el autor en Ibiza, Está compuesta de Árboles, ramas caídos en un camino y más de un centenar de pájaros, En autor simboliza el contraste entre la naturaleza viva y la muerta.
“Monumento a Don Juan “ , de Víctor Ochoa ( España). Es un busto del Conde de Barcelona, que fue inaugurado por los Reyes de España. Está en el exterior del parque, justo en el centro de la plaza que le da entrada y tiene una gran fuerza y belleza.
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